, , , ,

Economía y finanzas, conocimiento y poder

La información económica es más útil de lo que creemos. Hemos asumido que para todas las decisiones que no se toman con el corazón, cuanta más información tengamos, mejor. Pues para eso, tenemos que saber de finanzas.

Cuando vas a cambiar de trabajo, tienes que mirar las cuentas de la compañía a la que te vas  (ver el post “nuevo trabajo: cifras que importan”) así como el balance. Cuando vas a alquilar tu local a un negocio tienes que mirar la solvencia de tu inquilino no vaya a ser que no te deje colgado. Cuando vas a cerrar una venta, debes mirar la capacidad financiera de tu cliente, para asegurarte de que te puede pagar. Cuando vas a negociar una subida de sueldo, puedes mirar si tu empresa ha crecido en el último ejercicio para fortalecer tu argumentación.

finanzas

En definitiva, lo que venimos a decir es que entender una cuenta de resultados es más importante de lo que parece y debería incluirse como materia obligada en las escuelas (de hecho podría ser una buena forma de aplicar las matemáticas). En este sentido aplaudimos la iniciativa de la Asociación Española de Banca de acercar a los banqueros a las aulas y transmitir la necesidad de ser responsable con los ahorros y las inversiones.

De necios es negar que la información y la formación son garantes de libertad. Así, es nuestra obligación dotar a las generaciones que vienen con herramientas que les permitan tomar de decisiones de forma responsable para construir un mundo mejor para todos.  

Con este convencimiento de la información como necesidad, nos encontramos con un curioso paradigma (¡van dos! Echa un vistazo a nuestra primera vez). En la era del conocimiento, el acceso a las fuentes de información parece ilimitado y el bombardeo de información nos aturde: es el fenómeno de la infoxicación, y es que las fuentes de datos se han multiplicado de forma exponencial en los últimos años. Con este panorama, la información ya no es poder, pero la comprensión sí lo es. El valor no reside entonces en los datos, si no en la capacidad para entenderlos. Esa cadena de valor, que pasa del dato a la información y de la información al conocimiento, es lo realmente cotizado. La tecnología se torna entonces, clave y el entendimiento imprescindible.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *